Diseñando al siguiente diseñador

Diseñando al siguiente diseñador

Pareciera que nunca terminamos de explicar a qué nos dedicamos cuando decimos que somos diseñadores. Y es que, aunque desde hace unos años se puso de moda nuestra profesión, es de las que desde su creación han seguido evolucionando de tal forma que sigue sin haber un estándar o consenso que permita decir “¡aah, sí, diseñador!”, como cuando de un médico o un abogado se trata.

Recordemos que la carrera de diseñador gráfico nació de la conjunción de necesidades prácticas de comunicación y las artes visuales, de la mano de arquitectos, diseñadores industriales e ilustradores, por mencionar solo parte de la base docente.

Pasamos de “¡ah, haces dibujitos!”, a “haces logos y carteles”, a “haces páginas web” en tan sólo un par de décadas; y parece que el camino sigue y seguirá evolucionando de tal forma que continúe resultándonos complicado explicar lo que hacemos y lo que no.

Las competencias básicas teórico-filosóficas y técnicas se siguen moviendo; lo que era un plus hace tan solo 5 años, hoy resulta en una necesidad fundamental y la hibridación hacia otras carreras y perfiles se antoja cada vez más irreversible.

¿Pero hasta dónde vamos y en qué momento dejamos de ser realmente diseñadores para convertirnos en una quimera? ¿O es que en realidad ese ha sido nuestro devenir desde el origen? Al ser una profesión al servicio de la sociedad, inmersa en un factor tan cambiante como la comunicación, y con límites tan borrosos impuestos por la forma y la función, en realidad nos atañe el campo de lo humano y, como tal, pareciera que nuestros límites no son finitos.

Filosóficamente hablando, al resolver problemas de comunicación de terceros, nuestro terreno es amplísimo; técnicamente, al haber cada vez más recursos que nos permiten traspasar todo tipo de barreras físicas y tecnológicas, nuestro alcance empieza de verdad a permearlo todo.

En este artículo titulado “Los trabajos de diseño más importantes del futuro”, la autora Suzanne Labarre habla de la naturaleza evolutiva del diseñador, presentando 18 opciones que, bendecidas por gigantes como Google, Autodesk y Microsoft, pareciera se convertirán en perfiles regulares de aquí a unos 5 años.

Desde el Chief Design Officer, que suena tan obvio que resulta abrumador que no exista ya en todo equipo ejecutivo de cualquier empresa, hasta el Diseñador de 3D en tiempo real; pasando por Diseñadores de órganos y Machine-learning designers. Pareciera que lo último que haremos en un futuro (en el proceso de 3 años más) será tomar un lápiz para hacer algo “bonito”.

Pero cuidado, que nuestro trabajo siempre ha estado muy por encima de la mera estética y eso radica en su propia ontología: tomar decisiones en torno a la funcionalidad y la belleza de la misma. Y eso es aplicable en prácticamente cualquier sector de la vida y la velocidad con la que estamos afrontando los cambios es vertiginosa.

Independientemente de que resulte fascinante la expectativa misma de a dónde podremos llegar, aquí pareciera que el problema es que siempre hemos sido más bien pasivos esperando a reaccionar ante lo que la vida nos pone de frente. La educación formal, especialmente en países en desarrollo como el nuestro, está totalmente desvinculada de la industria y el mercado; la informal, por su parte, pareciera no tener aún estándares validados; y sobre todo, a nivel individuo-educando, resulta que en general somos más bien apáticos y reactivos y difícilmente podemos articular lo que estamos viendo venir, las posibilidades de mercado, los recursos actuales y nuestra capacidad de crecimiento, imposibilitando una actitud proactiva que nos lleve a la auto construcción y adelantarnos a la ola.

O eso es lo que nos hemos vendido a nosotros mismos. ¿Y si ciertamente estamos listos para ser “adultos” y pensar en nuestra profesión a un nivel finalmente “maduro” como para autodefinirnos sin dudas y señalamientos de terceros y tomamos en nuestras manos lo que queremos ser antes de que nos veamos arrastrados por la siguiente ola? ¿Y si proponemos y decidimos, diseñamos qué queremos ser y autocomponemos nuestra trayectoria profesional? ¿Y si diseñamos al siguiente diseñador?

No es nimio el trabajo de aceptar ésta como la misión que abrazamos en nuestras experiencias de aprendizaje en Liebre Roja: construir trayectorias profesionales que perfilen al siguiente diseñador; trabajando con el diseñador mismo en designar su propio destino. Confiamos en que es tiempo de hacerlo, que contamos con los recursos, el conocimiento y el talento para ello; para guiar hacia ese futuro que va tomando vida como presente forjado en nuestras manos.

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